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Dos textos críticos:
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"Uno de los principales eventos durante los Encuentros fue la
extensa sección dedicada a películas sobre el Che. Allí
se exhibieron, entre otros, el film de Juan Carlos Desanzo, el mediometraje
de Edgardo Cabeza Adiós, comandante Che, y varios cortos documentales
cubanos... El programa de la sección "guevarista"
era tan completo que hasta incluía, a modo de curiosidad bizarra,
el bodoque norteamericano Che!,perpetrado por Richard Fleischer en
1968, con Omar Sharif como un improbable Comandante Guevara y Jack
Palance como un aun más improbable Fidel Castro. De toda esa
avanzada elegí películas que a priori me parecían
las más interesantes: El Día Que Me Quieras, del argentino-neoyorquino
Leandro Katz, de quien publicamos un reportaje allá lejos y
hace tiempo, por lo que próximamente publicaremos otro.
Elegíaco y profundo resultó el mediometraje de Leandro
Katz El Día Que Me Quieras (del que ya se ocupó un poco
Quintín en su nota sobre Rotterdam), una reflexión rigurosa
sobre la muerte, la imagen y su poder en la construcción del
mito. Katz se detiene a estudiar minuciosamente la última foto
del cadáver del Che, aquella de los ojos abiertos y el rostro
envuelto en una expresión beatífica, en la que tanto
el realizador como el fotógrafo que la tomó, Freddy
Alborta, descubren algo de cristiano. El film explora polisémicamente
la foto de una Pasión, ayudado por el testimonio del fotógrafo
y la deconstrucción y reconstrucción minuciosa de esa
imagen pregnante que dio la vuelta al mundo. Verdadero artista conceptual,
Katz alterna el reportaje a Alborta con la estilización de
un ritual que los campesinos bolivianos realizan en cada aniversario
de la muerte del Che, agrega en off una reescritura del cuento de
Borges El Testigo, leído como una letanía por el propio
director, introduce carteles con títulos que separan el relato
a modo de capítulos, para elaborar un minucioso trabajo de
duelo sobre la figura del guerrillero muerto. A través del
corto se hace evidente que los militares bolivianos necesitaban mostrar
al mundo el cadáver de Guevara como trofeo para constituir,
además de una prueba, una advertencia ejemplificadora del tipo:
"así terminan los revolucionarios". Pero la expresión
del Che muerto, en esa foto, logra invertir todo sentido negativo
y adquiere una altura mítica y mística.
En este trabajo excepcional se explora muy sutilmente un subtexto
homoerótico en la figura final de Guevara, que no es ajeno
a la iconografía cristiana, como bien sabía Pasolini.
No solo se señala esto, sino que Katz se detiene en detalles
inadvertidos, como el de los cuerpos de los otros dos guerrilleros,
tirados en el suelo y apenas perceptibles en un costado de la foto,
mientras militares y periodistas rodean al Che como en una versión
de La Lección de Anatomía de Rembrandt. Katz consigue
que Alborta vaya a sus archivos y, como el personaje de Blow Up, revele
y amplíe esta y otras fotografías inéditas hasta
hoy, tomadas en aquella nefasta ocasión. Lo que se amplía
entonces también es el duelo que Katz extiende democráticamente
hacia esos otros cadáveres. Al devolverles la identidad a Willy
y al Chino, los dos compañeros caídos junto a su líder
en La Higuera, el film trasciende el sentido homenaje inicial al jefe
guerrillero, alcanzando un respeto universal hacia todos los muertos
sin sepultura, incluidos nuestros desaparecidos. Un trabajo de amor,
de profunda humanidad, despide este complejo y emocionante réquiem.
" El Amante, Buenos Aires: X Encuentros de Cines de América
Latina - Toulouse, Francia. "2 lose el corazón en Toulouse"
por Alejandro Ricagno ©1998
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Cruzó por Quito, como un relámpago, la película
del argentino Leandro Katz. "El día que me quieras".
Idea de él, investigación de él, dirección
de él, montaje de él, esta película congrega
grandes ejemplos del talento múltiple de él, película
que, sin duda, constituye una pequeña obra de arte.
Esta preciosa cinta nos traslada a la vieja lavandería
boliviana, donde el Che Guevara, desnudo y muerto, era mostrado
como un trofeo por sus asesinos del Ejército de Bolivia
y sus asesores norteamericanos. Una primera fotografía
del famoso fotógrafo también oriundo de Bolivia,
Freddy Alborta, recorrió todo el mundo, causando una
serie de conmovedoras impresiones. Entre ellas, el asombroso
parecido entre la posición yacente del Che, tendido sobre
las frías losas de la lavandería, y el escorzo
inmortal de Andrea Mantegna, conocido como el Cristo muerto
de Brera.
En realidad, el cadáver del Che coincide con la pintura
de Mantegna. Coincide no solamente como posición de los
cuerpos, sino como símbolos. El escorzo creado por el
maestro renacentista concebía el espacio como movimiento
y plasticidad: la pintura se aproximaba a la escultura e introduce
"un juego temerario de perspectiva que llena la habitación
de aire y de vida".
La coincidencia de los símbolos es propia de la condición
humana, a favor de cuya redención han rendido su vida
los santos y los héroes.
Pues bien. La película "El día que me quieras",
de Leandro Katz, gira alrededor de una extraordinaria colección
de fotografías seleccionadas por el cineasta y el fotógrafo,
cuyo único tema es el Che Guevara muerto y todos los
ángulos posibles de su figura yerta. Ya lo dijo José
Edmundo Clemente que una cámara fotográfica puede
lograr lo que el pintor más imaginativo no lo lograría
jamás.
El caso es que las fotos consiguen resultados cinéticos
que avivan o reavivan la escena del crimen, parando una y otra
vez sobre el rostro supuestamente congelado del gran guerrillero,
más bien expresivo como nunca, irónico en su leve
sonrisa estereotipada y existente en su mirada honda, acusatoria
y real.
La magia de un montaje estupendo y la música de David
Darling; los detalles de un pueblo verídico de Bolivia,
sus paisajes fugaces pero plenos, la autenticidad de la película
en todas sus partes, sus breves matices de folclor e historia
hacen de este filme de Katz un limpio ejemplo de talento cinematográfico,
capaz de trazar una ruta indeleble a través de la cual
se puede hacer excelente cine, con recursos más bien
limitados.
Dos cosas más: siendo muy joven, Leandro Katz visitó
Quito en los precisos momentos en que la polémica abierta
por el Grupo Tzántzico, cuestionaba todos los antecedentes
de aquella poesía que ya no calzaba de ningún
modo en una época que acababa de salir de una larga dictadura.
Leandro Katz supo precisar el hecho de que la poesía
militante no podía renunciar a los derechos de la estética.
La otra cosa es que la oportunidad de haber visto "El día
que me quieras" se la debió, como en infinidad de
casos, al trabajo y, sobre todo, a la pasión de Ulises
Estrella, gran animador y organizador del cine de calidad.
Por fin, lo del tango de Le Pera y Carlos
Gardel, su significado parecía unir el sacrificio de
un guerrillero argentino, incrustado en una invocatoria romántica
digna de los sentimientos latinoamericanos, y la mínima
esperanza que se abre en el corazón de sus pueblos.
'Los Ojos de Che Guevara' -Edmundo Ribadeneira ©El Comercio,
1998
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